Emociones, ¿pueden ser malas?

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Hoy venimos a hablar de un tema muy común: las emociones. Y os lanzamos una pregunta, ¿hay emociones buenas y malas? Quédate en este post si quieres saber más sobre todo esto.

¿Qué es una emoción?

Para responder a la pregunta anterior, será fundamental aclarar primero qué es una emoción. Y no, no nos vale utilizar la definición de la RAE, por lo que hemos querido concretarlo más. Una emoción es una reacción psicofisiológica que da nuestro cuerpo como respuesta a un estímulo, propio o externo, y que nos prepara para adaptarnos a este y responder de la forma más correcta posible. Y, aunque en la teoría suene frío, las emociones son probablemente una de nuestras mejores herramientas como ser humano, si sabemos usarlas de la forma correcta.

Todo esto quiere decir que las emociones tienen la función de darnos información para que sepamos qué hacer, algo confuso si tenemos en cuenta que cuando nuestras emociones están a tope nos es imposible saber qué hacer (aunque eso lo hablaremos más adelante).

Entonces, ¿hay emociones malas?

Esto responde a nuestra pregunta: no, no hay emociones malas. Pero entonces, ¿la ansiedad no es mala? No, digamos que hay emociones agradables o positivas, y emociones desagradables o negativas, y éstas pueden ser adaptativas o no.

Una emoción agradable o positiva es aquella que nos produce bienestar, una sensación agradable, placentera y deseable, como la alegría o la calma. Aparecen cuando hay una situación beneficiosa, que queremos que se repita. Por el contrario, las emociones desagradables o negativas son aquellas que nos producen una sensación poco agradable o un sentimiento negativo, pero que contribuyen a nuestra supervivencia y seguridad, como el enfado, el miedo o la tristeza. Son señales de alarma que nos informan de problemas para nuestro ser.

¿Cuánto pueden estas emociones ser perjudiciales para nosotros?

Es importante recordar que no hay emociones buenas o malas, pero sí podemos entender las emociones como adaptativas o desadaptativas en base a si es apropiada o no para dar la respuesta correcta ante un estímulo. En sesión, suelo simplificarlo explicando que una emoción es desadaptativa cuando no nos da información útil, cuando aparece con mucha frecuencia, intensidad o duración, y cuando no nos deja funcionar con normalidad en nuestro día a día con nuestro trabajo, amigos, familia y demás áreas importantes para nosotros.

Las emociones son probablemente uno de los conceptos más amplios y bonitos con los que trabajar y convivir, sobre todo cuando tenemos claro que no son el enemigo. Así que me gustaría cerrar este artículo citando a una eminencia de la Psicología, sobre todo en lo relacionado a las emociones, Leslie Greenberg, quien dice así:

«Debemos tratar de armonizar y unir lo que sentimos, con lo que pensamos y lo que hacemos. Las emociones deben trabajar para nosotros, no contra nosotros.»

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